Archive for the 'Fútbol' Category

Dioses

May 17, 2006

Yo entiendo poco de dioses; pero me parece que el río es un dios fuerte y pardo: huraño, indómito y adusto, paciente hasta cierto punto, admitido al principio como frontera; útil y desleal como vehículo del comercio; y luego un problema para el constructor de puentes. Privado por los adoradores de la máquina de culto y de ofrendas, está a la espera: vigila y espera.

Thomas Stearns Eliot

Escenarios

May 10, 2006

Los economistas como Fernando II erigen mundos a partir de los números. Sus universos son exactos, rígidos y aburridos. Esas vaporosas y perfumadas planillas, siempre tan prolijas, no resultan mares adecuados para surfear olas de ensueños. Dureza y crueldad de grafismos, símbolos o expresiones de una cantidad con relación a su unidad. Impersonales e insensibles. Pues bien, no es necesario aclarar que las estadísticas y los números no guardan relación alguna con la realidad y la cotidianeidad.

Hace más de un mes, cuando el sucesor de Fernando I comenzó a pergeñar su mundo en Racing lo imaginó bajo su condición de estadista con el mejor de los escenarios posibles para él: la conducción técnica de Simeone languideciente y suplicante esperando el final del calvario, el equipo rascando la olla de la pobreza, intentando despegar el fideo de la promoción del fondo de la cacerola y la voz de la popular pidiendo a coro cuales fieles y eternas viudas al as del bronce escamoteado, Don Reinaldo Merlo, el emperador de Tucson, sito en los arrabales de Salguero y Seguí.

Mientras Fernando II ingresaba las variables en su Palm treo 700w, pulsaba enter y observaba el gráfico que la hojita de Excel exponía, se encaminó con aire de ganador nato y silbando bajito a negociar con el mendicante-me-quiero-ir Fernando I. Y si las matemáticas son terriblemente aburridas, la vida nos demuestra diariamente, que la realidad no lo es. Así fue que el heredero del trono se encontró con las variables económicas y sociales en franca rebelión, casi descarriadas. Un Simeone firme, un equipo que no luce y gusta poco, pero que resulta ganador de cuatro partidos consecutivos y además, el colmo de lo impensado: Fernando I victimizándose en la tevé y en la radio. El sueño de Fernando II llegó tan mal que casi lo condena.

Finalmente, el lunes asumirá Merlo, comenzará a dilucidarse de una buena vez y para siempre cuánto de mito y cuánto de realidad habita el núcleo de la saga II de la novela del paso a paso. En una mesa de Tucson brindará el grupo de amigos de siempre, entre ellos el tetra campeón y héroe del whisky, idóneo vendedor de vestuario en festejo descontrolado y exclusivo a Fox Sports; actual empleado del infante Mauricio Macri. Si, Don Alfio, el ronco del talco. Después esgrimen, señalan y se les pianta la vida corriendo y defendiendo esa cualidad críptica y extraña llamada código. Ese día firmará su contrato el hombre de falanges corniculadas y así quedará ligado por dos años a Racing. El novio saludará en el atrio. Primero lo primero, decía el filósofo urbano y barrial Héctor Panigassi: por nuestra felicidad, que le vaya de maravillas a Carlos Reinaldo Merlo. Quedó escrito.

Lo que no se puede tolerar es la mentira sostenida contra viento y marea por Fernando II que no existieron reuniones o pedidos de jugadores por parte del deté. Lo afirmo: es falso. Hace más de un mes que Berrios tantea y ausculta voluntades por pedido de De Tomaso. A Fernando II, ¿quién le hizo la lista? ¿Simeone? Vamos, no embromen.

Por lo pronto, el nuevo gerente transita por un escenario no deseado, o por lo menos, no imaginado un tiempo atrás. Hace horas delante de sus narices un cuchillo reluciente entre dientes apretados y ganadores, le dijo que no, no me embromes con un cargo virtual e inventado para salir del paso, a las apuradas y sin sustento.

A partir de la semana próxima, el peso del culebrón recaerá del lado de la estrella principal, Carlos Reinaldo Merlo y no será tarea sencilla la que le espere; son muchísimas exigencias y demasiadas las premuras. Más de las sospechadas hace ya un mes, cuando le confeccionó la lista de refuerzos a De Tomaso. Avísenle: había un técnico trabajando.

© Norberto Trinchieri

Casi nada

May 1, 2006

Casi nada para escribir, la única mención del triunfo del sábado ante Tiro Federal que sirvió para olvidarse por un par de meses de la promoción. La confirmación que Matías Sánchez es un proyecto de jugador que insinúa para crack, chispazos de Maxi Moralez y nada más. Tiro Federal tiene a Carreño y a De Bruno y Racing a "cadera con delay". A esta altura prefiero omitir de nombrarlo porque parece algo personal.

Punto al fútbol. No, mejor no. No resulta anecdótica ni periférica la situación de indefensión que se encuentra un pibe como Agüero. Me importa contar la tristeza que me provocaron las lágrimas de Kun Agüero, porque aunque no se note es un chico, un adolescente que no sabe que trole hay que tomar para seguir. Y no hablo de su fútbol, hablo de su vida. Un negocio tan pequeño y simple como él. Y que la terminen con el chamuyo que lo protegen, porque no lo protegen un carajo.

Ante el cambio de mando de Fernando I a manos de Fernando II, sigo sin percibir cuáles son las diferencias que el futuro técnico encontró entre ambos monarcas para ahora si aceptar asumir la conducción del primer equipo. Si los Fernandos arribaron a un acuerdo para la sucesión es porque tienen más afinidades entre sí que enconos. A estos personajes dios los cría y el viento los amontona. Sus concepciones ideologías son tan semejantes como las que une a Ricardo López Murphy con el infante Mauricio Macri; o sea, las diferencias son de forma o discursivas, no de fondo. Es un gran misterio el acuerdo sellado entre Fernando II y Reinaldo Merlo.

La noticia en la Web duró menos que la luz de un fósforo, pero juro que la leí, vaya uno a saber (aunque es fácil de imaginar) donde fue a parar esa información. Deseo que alguien la haya levantado. La misma decía que la conformación del capital depositado como garantía para el traspaso de mando, procedería de la caja del sindicato de aportantes a SUTEBA.

© Norberto Trinchieri

Puti Club

April 29, 2006

Dice no tener nada contra ellos y la verdad es que no se nota. Pero bueno, según opina -vayamos a saber, tan mortales nosotros- subido a qué púlpito; los que así piensan, son lo qué son. Porque se le antoja, qué embromar. Mejor léanlo a él, quien parece atesorar todas sus habilidades y destrezas en sus miembros inferiores. Al responsable le ocasiona vergüenza y demasiada pena. 

Si no se juega bien, no es fobal

April 12, 2006

Cuando se quiere escribir o comentar sobre fútbol, por fuera del negocio de retransmisión de imágenes, se cae (como una bolsa de papas) en el sencillo lugar común: Dante Panzeri. Quizás un idealista, un teórico, aquél que acuñara el digno concepto “dinámica de lo impensado”, alguien que ya está distante, demasiado, por el peso de la historia futbolística de los últimos treinta años. Ni se me ocurre postular que sus dichos estén desactualizados, sino algo distinto, que la impronta de Panzeri ha quedado en un juego todavía con regusto amateur, cuando era posible que un equipo de estudiantes universitarios arriesgados conquistara un título internacional. Con hacha, tiza, martillo, agujas, y lo que fuera. Pero hoy, con la tuerca del alto rendimiento acogotando la popularidad del fútbol, no cualquier hijo de vecino puede estar en la primera. Hoy, el hijo de vecino, a lo sumo, puede quedar pegado contra el alambre en una avalancha, pero pasar del otro lado, se convierte en una ambición desmedida, algo que la voluntad sola no puede remediar.

El escenario es distinto, un tanto salvaje. En términos selváticos, para estar en la primera hay que tener la velocidad de un chitá, la garra de un tigre, la habilidad de la gacela o la fortaleza de un paquidermo enfurecido. Todas las características o una sola, y de eso dependerá el valor agregado de la carne con camiseta. Luego, el mercado de pases, luego, la ganancia espúrea por recuperar los derechos federativos. Los clubes argentinos (los clubes sudamericanos, en general), viven en función de la búsqueda de tales destacados atletas. Y cada día son menos (inversamente proporcional a la miseria reinante), por lo que, cuando aparecen, se destacan como mosca en mantel blanco. Pongamos el caso estigmático del fútbol argentino: el 10. Hay un antes, y hay un después, razón por la cual la comparación del nuevo jugador en esa función está condenada de antemano. Es como el escritor que sale al ruedo con un estilo sólido: en la antípoda de la historia literaria lo espera Borges, muerto, enterrado, levantando la ceja, musitando una sentencia inapelable. No importa lo que haga, el jugador deberá superar el techo de aquél ídolo mediático, incluso, la avalancha de patadas, los títulos obtenidos, la popularidad que lo ha hecho valor de cambio en el sultanato de Brunei. Si yo pudiera ser jugador, elegiría cualquier camiseta menos esa, y además por que soy realista: siempre fuí cultor del estilo adusto de Aguirre Suárez o del Tata Brown. La gambeta, en mi caso, siempre fue un privilegio a desparramar violentamente en el césped. Pero piensen un instante en el que nace habilidoso, y para colmo, argentino. ¿No está condenado a venerar al magnánimo por siempre? ¿No es una opresión exagerada que sea comparado con tal heroicismo absoluto? Hoy, ser 10 nativo, es el estigma del arroyo sucio. ¿Y por qué digo esto? Sencillo. ¿Cómo imaginan un equipo jugando bien al fútbol? De la única manera: teniendo la pelota el mayor tiempo posible. Porque, para jugar sin la pelota tenemos el fútbol del Chelsea (Mouriño, un amarrete de mierda), o el de Bianchi. Resultadistas, piqueteros de patada u obstrucción constante. Creadores de únicas jugadas luego de 88 minutos de karate kid. Y cuando se encuentran con un equipo plantado, que sabe tener la pelota, dejan la evidente huella de tales esfuerzos: el Barcelona, hace poco, brindó dos clases de fútbol frente al Chelsea (partido de ida y de vuelta, como para que tengan, guarden y lloren en la iglesia más cercana). Pero volvamos sobre un tema: eso de tener la pelota el mayor tiempo posible no significa entretenerla para dormir al público, o administrarla con la paranoia exagerada con que Bielsa hacía pasar de largo a los delanteros, mediocampistas, defensores… Jugar bien, en el mar de mediocres corredores maratónicos, es manejar el tiempo del partido administrando el juego. Es hacer que el que corre, lo haga al pedo. Que su desgaste luzca infructuoso, que la pelota sea, el mayor tiempo posible, el bote salvavidas del equipo. Y para eso, hace falta más que un corazón del tamaño de un melón, dos pulmones recontrahiperventilados, para eso hace falta oficio (esto incluye: vocación ofensiva, huevos y cabeza fría), cualidades técnicas, visión periférica y coordinación conjunta. Brasil lo mostró en el mundial 70, Argentina en el 86 y luego, Brasil en 94, aunque la final fue demasiado pobre a raíz del rival que le tocó en suerte. Equipos como el Sao Pablo, Barcelona, de a ratos el Manchester, muestran esa forma de juego.

Ahora bien, siempre existirá la duda razonable en estas lides. ¿Sirve de algo jugar bien y no ganar un carajo? Y aquí llega Pekerman. El tipo mostró que sus juveniles hacían eso que entendemos como fútbol. Es más, jugaron algo superior, jugaron fobal: potrero profesional. Talento y garra. Muchos de esos pibes hoy son la carta natal del destino selección para Alemania. Sabemos que no tenemos al 10 ideal, sabemos, también, que el negocio aflora los dientes a espaldas de las intenciones. Pero me quedo con algo, con el destello, con el chispazo que me hará saltar de la silla. Eso que tanto espero, desde hace años, desde que dejamos a Brasil e Italia en el camino. Gesto de irreverencia de la genialidad, pero ésta vez quiero que el equipo funcione en su alrededor, provocando, cuidando ese objeto esférico, liviano, indócil, que hace que la suerte esté en los pies más divertidos.

© Omar Genovese

No me gusta la mostaza

April 11, 2006

El responsable tiene y guarda para si cierta condición y postura estética ante la vida. En él prevalece la noción de la belleza y el encanto del juego y condena abiertamente la trampa y los tramposos. Quizás suene cándido e inocente. Qué suene.

Ubica, por sobre todas las prioridades, el carácter lúdico del deporte y con ello, la amputación del drama por el o los resultados. Un corte rotundo a la tragedia que dice que jugar bien y perder, es terrible. Más temprano o más tarde, aquel que mejor juega, termina por imponerse. La calidad se carga holgadamente a la mediocridad.

Pero vivimos en el imperio del atolondramiento, la inmediatez, la estadística y el resultado. Entonces, funcionamos como el perro de Pavlov. Si la primera vez comimos, todas las veces que suceda el tañido, algo mascaremos. Y sonará la campana y los jugos gástricos bajarán a raudales. Estaremos allí, moviendo dóciles la cola, esperando que alguien llene el plato.

Ese plato y ese manjar que nos proporcionará únicamente el ídolo que la tribuna ama, un tipo entrador, enviado al destierro por cuestiones de ego. Uno bien del palo, aunque la banda roja ha sido su cuna. Y además, que diga en la tele, en la radio, en Olé, en Clarín, en La Nación, en Caras, en Paparazzi lo que queremos oír. Gente como uno. Uno que tenga mucho vestuario. Si, claro: hay que tener mucho vestuario. Como si se tratara de un desfile de Dolce & Gabbana. Los modelos los compramos en el mercado de saldos de la AFA o los pedimos prestados.

Apostar al juego, hoy y observado desde ese margen, resulta utópico, inusual e impensado. Alcanza con observar con resignada tristeza que la verdad "es" verdad, siempre y cuando sea mostrada y aprobada por la tevé. Hoy es hoy y habrá vida, si se respira y el aliento fétido es transmitido en vivo y en directo por Crónica TV, TN o Canal 26. Vida mediatizada e idiótica; todo lo invade, todo lo gobierna, todo lo decide.

Honestamente no creo que la opción lógica para el Racing de hoy sea Reinaldo Carlos Merlo. Detesto llamarlo Mostaza. Soy un imbécil: hablar de lógica en la Argentina. Definitivamente: nunca me agradó el estilo de juego impuesto por el deté, aún durante el título del 2001. Merlo es un tipo querible, un buen tío. Lo confieso: me encantaría ser sobrino de Merlo, para qué negarlo; pero y puesto a elegir un técnico para Racing, buscaría en otros mares y otras playas más agradables de transitar. Arenas leves, dignas de ser observadas. Playas calmas y con el horizonte recortado de azul intenso, acariciándome el espíritu, domando tanta locura y suavizando tamaña excitación.

Es fácil escribir en el diario del lunes, por ello antes que asuma digo que no, que no quiero que vuelva Merlo. No al retorno de la hiper táctica y la ultra estrategia. No a la liturgia y la veneración de los cuernitos. No quiero otro paso a paso. No quiero cábalas. No quiero a Niembro. No quiero mesas de galanes. No quiero a Fox Sports metido en la cama de Racing, ni exclusivas con Tití Fernández. No quiero, es insalubre. Mi sueño es que el banco de Racing lo ocupe Marcelo Bielsa o César Luis Menotti.

He dicho.

© Norberto Trinchieri

Perdedores, perdidos

April 10, 2006

Perdemos, perdemos; siempre perdemos

Toxi-Racing: La tendencia Otoño-Invierno

April 4, 2006

Lo confieso: no se si recurrir al reflejo instintivo, brutal e irreflexivo o apelar a un análisis medianamente juicioso y políticamente correcto. En cualquiera de los dos escenarios, no lograré -ni medianamente- hilvanar con módica prolijidad, alguna huella narrativa decorosa. Ando perdido y con mi estupidez a cuestas. Pero por alguna parte hay que comenzar. Y nada mejor que despuntar con lo textual e inmediato:

“Ninguno de los jugadores que estaban en la cancha es pateador de penales. Erraron penales Maradona, Rubén Capria y Zico; y ahora Moralez” (Diego Simeone)

Si un profesional que vive, pura y exclusivamente por y para el fútbol, no posee aptitudes técnicas para ejecutar un penal, estamos fritos. Si es necesario hacer un post-grado o una maestría en “Penal: tiro desde los doce pasos”, alguna estrategia naufraga en los pizarrones de Mis Marías.

Cada día, el fútbol y sus protagonistas se revelan ante mí como mundos inauditos y extravagantes. Me reconozco inculto y mal llevado. Pues bien, después de todo -y no es poco- restaban casi noventa minutos para intentar jugar al fútbol (léase bien: intentar jugar), tiempo por demás holgado para revertir el peor de los comienzos. De los tantos y conocidos peores momentos. Cualquier momento, para ser exacto. Pero no. La tendencia otoño-invierno es el Toxi-Racing: fricción, choque, roce, la pelota por el aire y a rezar cuando el balón bordea las áreas.

Eso sí: a concentrar en la semana. Mucha concentración, poco dialogo y al que no le gusta, que se vaya. Y sino, que lo cuente el Mago Capria. ¿Para qué tanto encierro? Ah, no sé. Que el Chino Fierita Luna ocupe una plaza de titular es, a esta altura, descabellado. La sóla mención provoca un brusco descenso de las defensas de mi aparato inmunológico. Es derribar el umbral moral y anímico del más optimista. Pregunto: ¿Concentra Luna? Si es así, no se nota ni un poco. Avísenle: la pelota es redonda, como sus pies.

La que sigue no es una defensa del deté, ni mucho menos. No expresarlo, estimo, sería una necedad de mi parte: Diego Simeone más que un hábil empresario, es un kamikaze. Más sencilla la tienen los fedayines. Nadie en su sano juicio o con dos dedos de frente, tomaría bajo su mandato semejante plantel. Seamos sinceros: expone su reputación de jugador internacional, trayectoria y prestigio. Lo que no es poco. Y si algo más hay que reconocerle, es el dar siempre la cara. Después discutimos sobre su capacidad; aunque, no deja de ser real que, esta sería la única virtud para estar sentado en el banco de Racing. También lo se: la historia del club es más grande que la del deté. Pero esa es otra historia. Hoy es hoy y esa estrella es nuestro lujo. Un lujo o un negocio tan pequeño y simple como vos. O como yo.

© Norberto Trinchieri

Vamos de paseo

April 2, 2006

En busca de una victoria que le permita asomar la cabeza, la Academia lleva al piberío de paseo a La Paternal.

Diario Clarín

Las despedidas son esos dolores dulces

April 1, 2006

Qué pena tan grande, querido Mago, que tuviste que abandonar e irte así de Racing, casi por la ventana. Aunque y pensándolo bien, puede observarse como un malabar o un firulete elegante, para evitar el coro del gentío. Esa voz única repitiendo arrulladora: Mago, mago. Y los estiletazos que se escurrían rebeldes por cada ángulo, por entre la hendija más sutil. Esa pegada tan tuya, tan de mago. El responsable se rinde: gracias por el fútbol.

Diario Clarín

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