Esto es algo así como una cuña en territorio ajeno. Pero no puedo callar, ni ignorar lo que ocurre. Debo transmitir ese pedazo de realidad en forma de componenda que acorrala a un equipo de fútbol, el mío, el Pincha. Nadie está libre de manejo tan ruin, ni el más grande, ni el más pequeño. Ayer, bajo la lluvia lacrimógena de los hinchas del lobo, Estudiantes pasó a la segunda ronda de la Libertadores, en cancha de Quilmes. La cancha del pincha está habilitada por un juez, mientras que la cámara y un camarista (que debió excusarse por hincha del lobo y sus encarnadas relaciones con el municipio de La Plata) vetaron el fallo. Tal aberración jurídica perjudica a un club, sus asociados, fanáticos, jugadores, y al fútbol mismo. ¿Cómplices? El impresentable Gallina que, al determinar qué estadio no es seguro, exige camaritas de video de su propiedad como servicio adicional de seguridad. Los socios del gallináceo en tal negocio es la mismísima bonaerense, conocida como una asociación ilícita de comisarios organizados como fuerza policial. Por elevación, esto toca a la gobernación de la provincia: presidida por el mutante postmoderno apellidado Solá.
Luego del abrazo simbólico realizado éste miércoles en 57 y 1 (3.000 hinchas), el conductor de un programa de cable fue amenazado por el círculo patoteril que circunda las fuerzas oscuras que nos mantienen como peregrinos de la localía. Y la amenaza fue dura, con cierto aire de concreción inminente. Pese a todo, la mística copera sobrevuela la modestia de futbolística del equipo. Con los genitales en el cuello, llegaremos dónde nuestro eterno rival ni siquiera puede aspirar en el mayor delirio. Que tomen nota los confabuladores: somos su peor pesadilla.
Y como ayer, al ingresar a la cancha, fuimos cacheados por el personal uniformado en busca de banderas con alusiones al intendente de La Plata, reproduzco el cántico efusivo del estadio entero en su memoria (para dar documento de aquello silenciado por la transmisión televisiva):
Alac, Alac, Alac,
la puta que te parió.
Alac, Alac, Alac,
la puta que te parió.
¡Intendente hijo de puta,
la puta que te parió!
¡Intendente hijo de puta,
la puta que te parió!
A raíz de ésta expresión popular, podemos deducir que Alac no es muy estimado por la parcialidad del León de La Plata.
©Omar Genovese