Escenarios

May 10, 2006

Los economistas como Fernando II erigen mundos a partir de los números. Sus universos son exactos, rígidos y aburridos. Esas vaporosas y perfumadas planillas, siempre tan prolijas, no resultan mares adecuados para surfear olas de ensueños. Dureza y crueldad de grafismos, símbolos o expresiones de una cantidad con relación a su unidad. Impersonales e insensibles. Pues bien, no es necesario aclarar que las estadísticas y los números no guardan relación alguna con la realidad y la cotidianeidad.

Hace más de un mes, cuando el sucesor de Fernando I comenzó a pergeñar su mundo en Racing lo imaginó bajo su condición de estadista con el mejor de los escenarios posibles para él: la conducción técnica de Simeone languideciente y suplicante esperando el final del calvario, el equipo rascando la olla de la pobreza, intentando despegar el fideo de la promoción del fondo de la cacerola y la voz de la popular pidiendo a coro cuales fieles y eternas viudas al as del bronce escamoteado, Don Reinaldo Merlo, el emperador de Tucson, sito en los arrabales de Salguero y Seguí.

Mientras Fernando II ingresaba las variables en su Palm treo 700w, pulsaba enter y observaba el gráfico que la hojita de Excel exponía, se encaminó con aire de ganador nato y silbando bajito a negociar con el mendicante-me-quiero-ir Fernando I. Y si las matemáticas son terriblemente aburridas, la vida nos demuestra diariamente, que la realidad no lo es. Así fue que el heredero del trono se encontró con las variables económicas y sociales en franca rebelión, casi descarriadas. Un Simeone firme, un equipo que no luce y gusta poco, pero que resulta ganador de cuatro partidos consecutivos y además, el colmo de lo impensado: Fernando I victimizándose en la tevé y en la radio. El sueño de Fernando II llegó tan mal que casi lo condena.

Finalmente, el lunes asumirá Merlo, comenzará a dilucidarse de una buena vez y para siempre cuánto de mito y cuánto de realidad habita el núcleo de la saga II de la novela del paso a paso. En una mesa de Tucson brindará el grupo de amigos de siempre, entre ellos el tetra campeón y héroe del whisky, idóneo vendedor de vestuario en festejo descontrolado y exclusivo a Fox Sports; actual empleado del infante Mauricio Macri. Si, Don Alfio, el ronco del talco. Después esgrimen, señalan y se les pianta la vida corriendo y defendiendo esa cualidad críptica y extraña llamada código. Ese día firmará su contrato el hombre de falanges corniculadas y así quedará ligado por dos años a Racing. El novio saludará en el atrio. Primero lo primero, decía el filósofo urbano y barrial Héctor Panigassi: por nuestra felicidad, que le vaya de maravillas a Carlos Reinaldo Merlo. Quedó escrito.

Lo que no se puede tolerar es la mentira sostenida contra viento y marea por Fernando II que no existieron reuniones o pedidos de jugadores por parte del deté. Lo afirmo: es falso. Hace más de un mes que Berrios tantea y ausculta voluntades por pedido de De Tomaso. A Fernando II, ¿quién le hizo la lista? ¿Simeone? Vamos, no embromen.

Por lo pronto, el nuevo gerente transita por un escenario no deseado, o por lo menos, no imaginado un tiempo atrás. Hace horas delante de sus narices un cuchillo reluciente entre dientes apretados y ganadores, le dijo que no, no me embromes con un cargo virtual e inventado para salir del paso, a las apuradas y sin sustento.

A partir de la semana próxima, el peso del culebrón recaerá del lado de la estrella principal, Carlos Reinaldo Merlo y no será tarea sencilla la que le espere; son muchísimas exigencias y demasiadas las premuras. Más de las sospechadas hace ya un mes, cuando le confeccionó la lista de refuerzos a De Tomaso. Avísenle: había un técnico trabajando.

© Norberto Trinchieri


May 9, 2006

El responsable adhiere al antimanifiesto de Omar Genovese.


¿Éste es el aguante? colaboración de Adrián Savino

May 9, 2006

Acabo de enterarme de que a Campodónico, el 9 de Belgrano, le impiden entrar al Chateau por dos fechas, y le chantan ocho días de arresto “en suspenso”. El motivo de la sanción son las señas que le dedicó a la gente de Talleres en ocasión del memorable 2-1 en el último clásico cordobés.

La imagen del delantero bombeando con un dedo de una mano entre dos de la otra, con la expresión exaltada de un indio embriagado de chicha, ya fue pasada cualquier cantidad de veces por la tele de acá. Y será probablemente retransmitida, ilustrando la noticia de la sanción. Algunos celebrarán, otros putearán, en fin, se consumirá como un chorizo más de la máquina noticiosa, en este caso en una de sus claves más irreflexivas: la futbolera.

Pero voy a hacer un intento de reflexión al respecto. Para ello, sumaré otros gestos televisivos al de Campodónico: los del vestuario de Belgrano tras aquel triunfo, y el de Boca el domingo pasado, una vez conquistado el Torneo Clausura. En estos dos últimos casos, podía verse a los jugadores saltando y empujándose, mientras entonaban los típicos cantitos sobre paternidades, penetraciones anales, y demás descalificaciones patoteriles a las que quienes seguimos el fútbol, mal que nos pese, nos hemos acostumbrado.

Esta suerte de “tribunización” del futbolista me parece un fenómeno de lo más patético. Es como si estos personajes nos quisieran hacer creer que “sienten” lo mismo que el hincha común, cuando en realidad son profesionales que se desempeñan hoy en un club, y mañana en otro y en otro y en otro. Es más: no faltan ocasiones en las que se ven en la necesidad de recordárnoslo por si nos creíamos otra cosa. Entonces que no vengan ahora a montar esas escenas dignas de reality show en las que se las dan de “hinchas como cualquier otro”, cual Araceli González asegurándole a Caras que sufre la separación y la soledad como cualquier hija de vecina. ¿Será que la entronización de gestos energúmenos que desde hace años lleva a cabo alegremente TyC bajo el mote de El Aguante, está afectando también a los que juegan?

© Adrián Savino

Lic.en Ciencias de la Comunicación y blogger

Site: Oficinauta


Casi nada

May 1, 2006

Casi nada para escribir, la única mención del triunfo del sábado ante Tiro Federal que sirvió para olvidarse por un par de meses de la promoción. La confirmación que Matías Sánchez es un proyecto de jugador que insinúa para crack, chispazos de Maxi Moralez y nada más. Tiro Federal tiene a Carreño y a De Bruno y Racing a "cadera con delay". A esta altura prefiero omitir de nombrarlo porque parece algo personal.

Punto al fútbol. No, mejor no. No resulta anecdótica ni periférica la situación de indefensión que se encuentra un pibe como Agüero. Me importa contar la tristeza que me provocaron las lágrimas de Kun Agüero, porque aunque no se note es un chico, un adolescente que no sabe que trole hay que tomar para seguir. Y no hablo de su fútbol, hablo de su vida. Un negocio tan pequeño y simple como él. Y que la terminen con el chamuyo que lo protegen, porque no lo protegen un carajo.

Ante el cambio de mando de Fernando I a manos de Fernando II, sigo sin percibir cuáles son las diferencias que el futuro técnico encontró entre ambos monarcas para ahora si aceptar asumir la conducción del primer equipo. Si los Fernandos arribaron a un acuerdo para la sucesión es porque tienen más afinidades entre sí que enconos. A estos personajes dios los cría y el viento los amontona. Sus concepciones ideologías son tan semejantes como las que une a Ricardo López Murphy con el infante Mauricio Macri; o sea, las diferencias son de forma o discursivas, no de fondo. Es un gran misterio el acuerdo sellado entre Fernando II y Reinaldo Merlo.

La noticia en la Web duró menos que la luz de un fósforo, pero juro que la leí, vaya uno a saber (aunque es fácil de imaginar) donde fue a parar esa información. Deseo que alguien la haya levantado. La misma decía que la conformación del capital depositado como garantía para el traspaso de mando, procedería de la caja del sindicato de aportantes a SUTEBA.

© Norberto Trinchieri


Puti Club

April 29, 2006

Dice no tener nada contra ellos y la verdad es que no se nota. Pero bueno, según opina -vayamos a saber, tan mortales nosotros- subido a qué púlpito; los que así piensan, son lo qué son. Porque se le antoja, qué embromar. Mejor léanlo a él, quien parece atesorar todas sus habilidades y destrezas en sus miembros inferiores. Al responsable le ocasiona vergüenza y demasiada pena. 


Dos viñetas deportivas, colaboración de Julio Zoppi

April 27, 2006

Iba a escribir una especie de parábola pseudo poética con el chino Luna, ante el inédito y milagroso suceso de la conversión de su gol frente a Quilmes el domingo pasado. “Así en la luna como en la china” se iba a llamar, pero preferí dejar que esto continúe en silencio, que esta cosechita final de puntos no se detenga. En cambio dejo dos viñetas deportivas, una de tenis y otra de fútbol.

Tenis

La pregunta: Ante las decenas de puntos que regala por partido debido a su imposibilidad actual de meter sus saques ¿Por qué Guillermo Coria no saca de abajo? Siempre me pregunté, desde las épocas de Gabrielita Sabatini que solía tener problemas con su saque -no tan graves como los actuales de Coria- porqué en el tenis profesional a nadie se le había ocurrido probar un saque “de abajo”, es decir lanzando la pelota a media altura y pegando un revés o un drive directo, que al picar por ejemplo con top-spin lograra al menos una puesta en juego de la pelota segura con posibilidades de darle buenos ángulos, sobre todo en superficies lentas como polvo de ladrillo donde el daño que puede obtenerse con el saque “desde arriba” tradicional no es tan decisivo. Omar Genovese es un experto en materia tenística quizá tenga una explicación técnica a mi inquietud. ¿Es descabellado que un jugador profesional decida usar un saque “de abajo”?. ¿Hay alguna cuestión de reglamento o más bien de “honor”, donde sacar de abajo sería una “deshonra deportiva”? En el caso de Coria creo que podría ser una salvación

Fútbol

El tema es la polémica sanción de Pezzota el domingo pasado en el tiro libre del partido Vélez-Boca, que me tuvo dando vueltas la cabeza por el desafío reglamentario que provocaba. Después de estudiarlo bien llegué a la conclusión de que su fallo fue correcto en este caso. Con la salvedad que no encontré en el reglamento de fútbol una regla clara que exprese hasta donde, cuando y cómo un árbitro puede retrotraer una jugada, creo que de hecho si hubo muchos casos válidos y que avalan esta situación. Repaso la jugada del tiro libre: Después de cobrada la infracción, mientras la pelota está fuera de juego y se realizan los preparativos para la ejecución, se agreden o manosean dos jugadores – Ledesma y Broggi. El árbitro no lo advierte y da la orden de abrir el juego, la pelota es pateada por Díaz, rebota y sigue en juego. En ese momento el árbitro ve la bandera del asistente y detiene el juego. Recibido el informe, a mi juicio correctamente toma las decisiones que corresponden retrotrayendo la acción al momento del evento informado: sanción disciplinaria a Broggi y Ledesma, y reanudación con la puesta en juego nuevamente del tiro libre que debía patearse en el momento de producida la acción, ya que el juego estaba interrumpido en espera de ejecutarse el tiro libre. No corresponde dar pique ya que esto sería ignorar la influencia que pudo haber tenido en cancha la permanencia de estos dos jugadores sancionados, sin estar sancionados. En este caso fueron amonestados, pero ¿que hubiera pasado si la sanción disciplinaria era de expulsión? Supongamos que tras la agresión, Díaz pateaba el primer tiro libre y Ledesma recibía el rebote de la barrera y convertía el gol. El juez convalidaba el gol y en ese momento veía la bandera del asistente que le informaba de la agresión de Ledesma en el momento previo a la ejecución cuando el juego estaba detenido. Hubiera correspondido que expulsara a Ledesma y retrotrajera la jugada al momento del hecho, haciendo ejecutar el tiro libre de nuevo y anulando el gol, ya que ese gol, de ser convalidado hubiera sido realizado por un jugador que debía estar expulsado. Hay un antecedente válido para mí en el caso del ex árbitro Javier Castrilli en un partido de Argentinos Júnior-Gimnasia de unos años atrás. En aquel match cuando se patea un corner, la pelota sale del área hacia el medio campo, Castrilli da continuidad al juego, y el línea Claudio Rossi levanta su bandera. Castrilli lo ve segundos después y detiene la jugada en el sector medio del campo. Luego, informado por el asistente Rossi de la agresión del jugador Germano de Argentinos a un jugador de Gimnasia, retrotrae la jugada y en vez efectuar solamente la sanción disciplinaria y dar un pique en el lugar donde detuvo el juego, retrotrae la jugada y no sólo sanciona disciplinariamente a Germano –lo expulsa- sino que da penal. Este es un caso que resulta semejante al que sucedió con Pezzota. En aquel caso la única diferencia es que cuando Germano agrede, la pelota estaba en juego, y en el caso de Velez-Boca, la agresión mutua se da cuando el luego está interrumpido. Lo que no veo diferencia es en el criterio de retrotraer el juego al momento en el cual se cometió la acción vista por el asistente e ignorada por el árbitro. De haberse aplicado el criterio de no retrotraer y dar pique, Castrilli hubiera solamente expulsado a Germano y dado un bote a tierra en el sector donde estaba el balón cuando detuvo el juego. Cuando el asistente avisa de un hecho incidente en el juego que el árbitro ha ignorado, éste si da crédito al mismo debe y puede retrotraer el juego al momento de dicha acción, tomar las medidas disciplinarias y de juego que correspondan, y luego reanudar el juego desde esa situación.

© Julio Zoppi

Arquitecto y blogger

Site: Hargentina


Aguante la ficción

April 26, 2006

El culebrón entre Fernando I y Fernando II ya es un papelón.


Besame y da la vuelta

April 26, 2006

Por hoy ya tuve demasiado, pero esto supera todo lo imaginable. Mejor cierro y me voy a dormir.
Buenas noches.


Poco menos que nada

April 26, 2006

Tres viñetas futboleras, colaboración de Jorge Mayer

April 25, 2006

Un equipo de cartoon

A mis 18 años tuve que dejar la casa paterna; allí, en un pequeñísimo pueblo de provincias no tenía el horizonte que mis padres querían para mí. No lamenté lo que vino después: privaciones, aprender a fuerza de equivocarme, pero si en algo puedo sentirme triste, es en el hermano que quedó allá, en el pueblo. Cuando vine a Trelew, él tenía sólo 4 años. Así, cada vez que el calendario académico, el laboral, el ánimo y las finanzas, todos confabulados, me permitieron volver, encontraba en Nico un tipo diferente.

Una vez, él tendría siete u ocho años, volví a casa y me sorprendí de verlo apasionado ante el televisor. Contra la historia familiar, por su propio impulso, tal vez por los llamativos colores de la camiseta o la bravura con que la hinchada deja caer sus cánticos: funebré, funebré, funebrero, funebré -los argentinos siempre necrofílicos- o vaya a saber por qué, el tipo seguía la campaña de Chacarita en alguno de los campeonatos de ascenso.

Como si hiciera falta, me narró las hazañas de sus ídolos: el Flaco Vivaldo, el Gatito Mignini y, sobre todo y sobre todos, el Tweety Carrario, pero con una salvedad. Nico, de oídas, porque nunca fue demasiado apegado a leer nada, lo llamaba el Tweety Canario. En vano intenté corregirlo:

-No, Nico, le dicen Tweety porque es muy rubio, pero su apellido es Carrario, Ca-rra-rio.

El, fiel a esa lógica extravagante que habitan los niños me paró en seco:

-Si Mignini es gato, entonces Tweety es canario.

Y no se hable más.

El hincha jurisconsulto

Sin embargo, otro día, ya varios años después de aquel prematuro amor por Chacarita, justo antes de que yo ahorrase lo suficiente como para regalarle una camiseta, me encontré con que mi hermano había mudado de simpatía. Por suerte no se hizo de Boca o de River, aunque afloró esa necesidad de decir que nuestro equipo gana siempre, que en el fondo todos tenemos. El pibe, soldado clase 88, se hizo hincha de Velez.

¡Qué cuadro! Confieso que por Velez siempre sentí alguna debilidad.

Una tarde, estaba yo en la biblioteca de la universidad, completaba el formulario de préstamo de libros, a mi lado había una señorita desconcertada, que quizás a mí, quizás al aire, preguntó: ¿y en autor qué pongo? Tenía el Código Civil en las manos. Velez Sarsfield, le digo, a qué negarlo, experiente, un poco sobrador. Andá, me dice, mirá que un cuadro de fútbol…

Si, pobre ángel, cómo va a entender que un club lleve el apellido de un jurista tan prestigioso, bah, el autor del Código Civil de la Nación y coautor del Código de Comercio. Un amigo, ajeno al fútbol y al derecho pero un profundo conocedor de la historia argentina, un día me confesó que el tal Velez no le caía bien y mucho menos los diputados y senadores que aprobaron el proyecto a libro cerrado, ¡a libro cerrado!

Tuve que explicarle y no sin algún trabajo que muchas leyes, y subrayo muchas, que no es lo mismo que decir todas fueron concebidas en periodos de discontinuidad institucional. Parece mentira decirlo hoy y así, tan suelto de cuerpo, pero aquellos gobernantes de facto, incluso los de la década infame, confiaban el armado de la ley a los más prestigiosos juristas de la república. Así fue con el Código Civil, una obra colosal, con mucho del código napoleónico, que en 1993, cuando yo estudiaba, tenía 4038 artículos y un sinnúmero de leyes complementarias. ¿Alguien se imagina lo que sería discutir los artículos uno por uno?

Tal vez sería como poner a mi hermano a que estudie la historia de su nueva simpatía. yo le hago las cosas un poco más fáciles. Le cuento cómo fue que empezaron a usar la camiseta con la V azul, cómo fue que salieron campeones en el 68, la mano de Gallo que Guillermo Nimo, en sus tiempos de referí, no supo ver y la cintura progidiosa de Daniel Willington. El resto está ahí, fresco. En carne viva.

De La Paternal a Villa Luro

La V de Velez, me gusta pensarlo así, tiene algo de venganza.

Aquella mañana de 1994 en que Velez definía la Copa Intercontinental contra el Milan de Arrigo Sacchi, yo fui más tarde a trabajar y no me arrepiento. En cierto modo, más allá de que no fuera mi cuadro, compartía el sentimiento de ese hincha que llevó a Tokio una bandera que decía: Gracias Dios, ahora puedo morirme tranquilo.

No tanto en el penal que chutó en falso Trotta como en la media vuelta del Turquito Asad yo sentí que se hacía justicia con otro equipo que se había quedado en el umbral del título más importante a nivel de clubes. Hablo, por supuesto, del maravilloso Argentinos Juniors de 1985, aquel cuya alineación en verdad cualquiera podía recitar de memoria: Vidallé, Villalba, Pavón, Olguín, Doménech, Videla, Batista, Comisso, Castro, Borghi y Ereros. Un equipo que, aunque nadie lo recuerde, comenzó a gestarse en 1983 de la mano maestra de Angelito Labruna.

Las cosas con Velez, hablando estrictamente del juego, eran bien distintas. Este era un equipo práctico, en algo parecido a eso que ahora es el Chelsea, capaz de meter un gol y pinchar la pelota, de dormir el partido hasta que el árbitro pite el final. Argentinos, en cambio, era un deleite para los ojos. Por las rabonas del Bichi Borghi, el andar del Panza Videla y la claridad del Checho Batista, fue tan grande la pena de perder en los penales contra la Juventus de Platini, de Cabrini, los titanes de aquella Europa.

Las lágrimas que le ofrendé en el 85 a los muchachos bien valían quedarme un rato más gritando.

De Villa Luro salió el nuevo campeón.

© Jorge Mayer

Contador público nacional y blogger.

Site: Et in Arcadia ego