La verdad desnuda, por Julio Zoppi (*)

February 26, 2006

No hay caso. No hay fantasía que pueda contra la verdad desnuda. Tampoco hay poder mediático que pueda, mediante tanta pompa artificial, desviar su inexorable sentencia. Entonces de nada sirve esta inflada y mediáticamente hiper-promovida semana en Mendoza, como si fuéramos el Real Madrid concentrando en Suiza con sus estrellas preparándose para dar la batalla final. La diferencia es que nosotros rascamos la olla vacía de un plantel paupérrimo, de linyeras, rasqueteamos las sobras de un guiso lleno de fideos viejos y de arvejas vencidas, y las ponemos a cocinar en relucientes hornos a microondas con la esperanza de que por ello se transformen en manjares. Una muestra más de lo inaudito y absurdo de una empresa que muestra una miseria espantosa a la hora de contratar futbolistas y técnicos, pero hace gala de una holgura y un lujo pantagruélicos a la hora de concentrar, vestir, viajar y comer. Como esas  familias que  andan en 4x 4 y se van de vacaciones a Punta del Este pero deben las expensas, y se mueren de una infección porque no compraron antibióticos.

Juro que en el primer tiempo me entusiasmé, a pesar de que no me comía el verso de que de la noche a la mañana poner 5 pibes que casi nunca jugaron en primera iba a ser la solución. Pero a veces los partidos se pueden sacar adelante con un poco de buena fortuna y otro de entusiasmo. Otras veces no sale, la realidad golpea tarde o temprano, si no golpea durante 89 minutos, golpea en el último. Pero ese primer tiempo parecíamos un equipo de Bielsa – y eso que no soy Bielsista para nada- , meta presión, casi no le dejamos tener la pelota. La tuvimos nosotros, si. La tuvimos. No hicimos demasiado pero bueno, algo es algo, una lucecita.
En el entretiempo pensé si aguantaríamos ese desgaste. Quizá si, el nuevo preparador físico Ortega -esta vez si un profesional de primera división- por ahí en 4 días los acomodó un poco. Pero estaba claro que todo era pegado con alfileres, y que en 45’ de tener la pelota se notó nuestra impotencia.

En el segundo tiempo empecé tranquilo, pero noté de movida algunas señales negras. Ya estábamos diferentes, era imposible mantener esa presión, se venían momentos de angustia. Vino el primer gol, dimos espacios, que se yo, o fue mérito del pibe Agüero, seguro, un hecho atípico en el partido, un jugador totalmente por encima del resto de los 21 que habitaban la cancha. Pero se la hicimos fácil una vez más. Y ahí de nuevo se desnudó la verdad, la cruel realidad sacó su cabeza y se asomó cruda, fría e inclemente. La debacle se apresuró a mostrar su rostro miserable e impiadoso, nos hacen un gol y todo se derrumba, como se derrumban los castillos de naipes. La crónica fría dirá que dejamos mano a mano al ingresado Barroso con Agüero, de que vale decir que eso es una animalidad futbolística. Tampoco ver que Campagnuolo, el otrora gran arquero de nuestro glorioso 2001 muestra su actual negligencia, su mediocridad irremediable de estos últimos tiempos, que maldito sea la puta que lo parió nos toca a nosotros padecer ahora. Te hubieras  quedado en México a ganar más plata, hasta creí en algún momento que eras arquero de selección, pero por favor, ¿me podés explicar a que mierda saliste? ¿A marcar a Barroso? ¿A dejarle el camino servido a Agúero?  Pero no debo detenerme en esto, ya todo terminó, el 2-0 clausuró el partido y el espejismo efímero de una mínima ilusión. Ya se dirá que el genio del pibe desequilibró un partido parejo, y resulta que creo que es cierto, pero que también no lo es. El desequilibrio es otro. Y no tiene remedio por ahora.

Tampoco soy ciego, tengo memoria y cierto sentido de justicia para decir que futbolísticamente no toda la historia de blanquiceleste fue nefasta. Recuerdo lo del 2001, lo de Ardiles y un equipo modestamente competitivo que hizo una muy buena copa y que se quedó ahí por chauchas como se quedaron otros grandes. Tampoco que hasta el 2003 las transas de jugadores nos daban alguna que otra ingeniosa fortuna: La gata Fernández y Barrado por ejemplo, conseguidos a préstamo, fueron buen negocio, a Racing le rindieron, y dentro de todo eran jugadores de cierta categoría. Pero viejo, lo que vino después pudrió todo, derritió toda posibilidad de salvación, y la caída fue en picada, lo de este año fue atroz, demencial, irracional. Juro que no entiendo. Porque me imagino por ejemplo los sponsors de Racing, empresas grandes, antes de poner guita no sería lógico que le hubieran dicho al gerenciador “Che, ponemos la guita que pedís, pero armá un equipo competitivo, traé gente de categoría, a nadie le interesa hacer publicidad en un equipo que anda por el fondo de la tabla “. No me lo puedo explicar. O si.

Queda el amor intacto, habrá que enfrentar la realidad que sigue. La verdad se nos desnudó delante de nosotros con toda su triste obscenidad hoy una vez más, habrá que afrontarla con toda la bronca y toda la dignidad posible.

(*) Julio Zoppi es arquitecto, blogger y de nacionalidad racinguista.
Su blog: Hargentina

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