Los absurdos códigos

March 7, 2006

“Si hay hambre, luego, tengo hambre. Y por último, sólo soy hambre.”
Omar GenoveseEl Fantasma

Diego Simeone sabe que su discurso y su oratoria rebotan y sus dichos, son amplificados de manera exponencial. Quien marca el paso es él. Quien fija la agenda es él. Quien no puede desconocer el pasado es él; ese pasado tan reciente y del que formó parte y fue participe. Un pasado que parece haberlo encontrado navegando el mar de la ignorancia o bien, lo desenmascaró atendiendo otros horizontes, según se desprende de sus declaraciones:

“Ponernos a hablar de una cuestión física sería romper algunos códigos, pero está claro que hay un problema. Los jugadores dan el máximo de cada uno y lo pueden dar por 50 minutos. No nos podemos esconder ante una realidad que se ve en todo momento. La realidad que nos toca vivir es ésta. Trabajaremos para seguir sumando más minutos, pero el equipo está para 50 minutos, es lo que hay.” 

Ahora, desde su flamante función, sale a disparar munición gruesa sobre el colega  tumbado, quizás y entre otros, por él mismo. Es poco menos que insostenible su discurso. Destruyendo con la sola enunciación de sus expresiones, aquello que tanto manifiesta cuidar: los inmaculados, intachables y benditos códigos futboleros.
De sus palabras se vislumbra que intenta esquivar lo insoslayable: que las diferencias son establecidas de manera cuantitativa y cualitativa por la calidad y la categoría de los integrantes de la plantilla profesional y no por horas de acumulación de umbrales fisiológicos y/o capacidades (o incapacidades) aeróbicas. Desafina y como para que se incendien todas sus partituras, explica qué si, qué bueno, qué no era ignorante de la situación:

“Cuando uno asume algo, sobre todo a mí, que me tocó estar desde el principio y como jugador, sabíamos de los problemas que íbamos a tener; están y desgraciadamente los estamos padeciendo. Lo único que queda y necesitamos es tiempo. Tomamos al equipo hace 10 días, jugamos tres partidos, no se pudo trabajar, pero nos organizamos un poco mejor.”

No se comprende muy bien qué intenta moldear con eso de “uno asume algo”. Después de todo, no es más que el discurso de un jugador de fútbol o ex jugador, a las apuradas y ante los micrófonos y cámaras de los monopolios. No fue el discurso de Ariel Dorfman ante Modern Language Association of America. Algo es algo, entonces; un poco, imagino. Un algo o un poco de responsabilidad le abarca y le compete. Acaso y, entonces ¿Para qué viajaron a Mendoza? ¿El culpable de semejante anemia fue Quiroz? ¿Los jugadores? ¿El preparador físico? ¿Algo? ¿Un poco? Después de todo y con excursión a la región de Cuyo incluida, se tabuló en la columna del debe y de su “era” ocho goles en contra, ninguno a favor y cero punto. Algo o poco. Nada.

“Una vez hecha carne, por la literatura se ama, se odia y se pasa la noche en vela.
Por su causa se materializan y se diluyen amigos y enemigos.
Deja uno de comprarse zapatos nuevos y pierde los horarios de los subterráneos.
Olvida una que otra cita.”
Luis Bardamu, Doke Literario

Enlazando los dichos de Luis Bardamu con los de Omar Genovese, puedo llegar a una mínima y elemental reflexión: Racing hecho carne me produce lo que a Luis y a muchos, nos produce la literatura. También ser consciente y expresar de la manera más clara posible que, si hay pobreza, luego tengo, pobreza. Y por último, sólo soy pobreza.
Y pobreza suena a muy poco. Poco y nada para tanta grandeza y semejante historia.

Norberto Trinchieri ®

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