Cuatro o cinco millones ¿Para qué?, por Julio Savastano

March 9, 2006

Cuando el club de nuestros amores entra en zonas de luz amarilla, y más aún si es roja, nos ponemos todos muy susceptibles y el lado desde el que miramos a través del cristal nos devuelve un diagnóstico que nos parece claro, suficiente como para indicar el tratamiento. Y ahí todos nos transformamos, absolutamente convencidos, en directores técnicos, jugadores, preparadores físicos, directores de área fútbol, entrenadores de inferiores, presidentes y, sin necesidad de pedir perdón por la palabra, gerenciadores.

También nos convertimos en oposición porque, claro, si estamos discutiendo lo que se hace o no se hace, es porque no estamos de acuerdo la gestión del oficialismo o de los empleados contratados por aquél.

En Racing debemos ser unos 4 o 5 millones de opositores, unas veces fantaseando con ser técnicos, otras con consejeros de futbolistas (porque eso sí, tenemos en claro que para estar en el lugar de ellos “no nos da”, solo podemos aconsejarlos), otras con ser presidentes del club, y alguno que otro -seguro- hasta debe fantasear con ser gerenciador. Algunos con menos aspiraciones prefieren un perfil más bajo, ser tesoreros (lo que no es poco) o presidente de la comisión de fútbol (que tampoco es poco) o vocal suplente (aunque sea para disponer de un buen palco para ver los partidos). ¿Alguna diferencia con otros clubes? Si, por supuesto, se nos agregó la Sociedad Anónima, alternativa de gerenciamiento que puede abrirnos otras esperanzas adicionales (director, socio, gerente administrativo y/o comercial, etc.) pero no muchas, porque los empleados de la S.A. -se sabe- pueden ser transferidos al club, y ya no quedan en la “Empresa” muchos puestos para ocupar.

Eso si: desempleados abstenerse. Porque ni Racing ni la S.A. son una cuestión de beneficencia, bah, al menos no de cualquiera que no sea integrante de las posiciones de elite. No vaya a ser cosa que entre gente que necesite trabajar, sepa cómo se hace y demuestre que la elite no sabe hacer nada bien excepto llenar sus bolsillos vaciando las arcas racinguistas y/o “blanquicelestes”.

Entonces, cuando un técnico es soportable durante menos de un torneo (o que en seis partidos pasen tres técnicos), cuando para encontrar la posición de Racing en la tabla tenemos que buscarla casi como si le hubiera tocado por orden alfabético (y digo “casi” porque todavía a la R no la pusieron luego de la Z, aunque mirando la tabla parece que si), cuando tenemos hambre de gol y los contrarios interpretan que nos los tienen que meter en lugar de recibir, empezamos a mirar alternativas: ¿jugadores suplentes? Son peores que los titulares; ¿jugadores de divisiones inferiores? Son como la fruta que todavía está verde, la mordés, la escupís y la tirás a la basura; ¿otro técnico?  ¿Otro experimento?; ¿jugadores nuevos (de los buenos)? “El retorno de la inversión no está asegurado”; ¿otro presidente o gerenciador? ¡Ah, ese es otro cantar! Ahí tenemos 4 o 5 millones de candidatos para “cambiar la mano”. Y empiezan a aparecer los Juárez, los Roberto, los Migueles, los Oscares, los Osvaldo, los Dáñeles, y seguro que hasta deben haber Guises, Julios, Pabilos, Gumersindo y Edmundo, sin olvidarme del resto del padrón masculino y, por qué no, femenino. Pero eso sí, “cada uno con su gente”, no con los demás.

Y entonces, por el escaso margen de un voto (más que probablemente), alguno de ellos llegue a ser la cabeza de este monstruo descabezado que es Racing Club Asociación Civil, este bicho que se traga a los mejores como a los peores para luego, cuando se dé cuenta, tomar conciencia de la parte del aparato digestivo en que se encuentra una vez engullido, y que no va a pasar mucho tiempo hasta que sea defecado de la peor forma, obligándolo a aprovechar cuanta oportunidad de negocio tenga a mano porque, seamos francos: ¿quién quiere el poder por el poder mismo? ¿Por el bien del club? puede ser, pero siempre y cuando se haya satisfecho el bien del dirigente, dentro o fuera del club. No tengo ejemplos actuales de dirigentes filántropos ni que hubieran empezado sus gestiones con mayor patrimonio con que las terminaron. ¿Soy un descreído? No. Todavía creo en algunos de aquellos que dirigen clubes sin deportes profesionales. Pero hasta ahí.

Cuatro o cinco millones son el clímax de la atomización, sobre todo cuando cada uno no puede coincidir en el 80% de las ideas con otro y conforma un “bloque” nuevo y unipersonal, como si de la Cámara de Diputados se tratara. Algunos han logrado milagros: durante unos meses han podido reunirse en una misma mesa los mismos 30, rodeados de otros tantos rotativos. ¿Treinta mil? ¡No!, treinta a secas.

¿Se puede trabajar así? Puede que sí, puede que no; o, lo que puede ser peor, a veces si y a veces no. Depende de la calidad dirigencial, del compromiso, de su organización y administración, de la capacidad y conocimientos, etc. Pero fundamentalmente de sus intereses personales.

¿Se puede trabajar con 200? Es lo mismo. No depende de la cantidad sino de la calidad, de sus cualidades. En la mayor crisis de toda su gestión al frente de Blanquiceleste, Marín logra mejores resultados que sus opositores siendo solo él y unos pocos lacayos los que trabajan por la continuidad, su continuidad. Ojo, no estoy diciendo que Marín tiene más calidad humana que los opositores, sino que le sobra con tener mejor calidad de contactos, entre otras calidades (asesores, abogados, experiencia, etc.). Y eso que debe tener no menos de dos millones de opositores, si descontamos al resto que le importa un rabanito averiguar el por qué de la crisis o por qué no entra la bendita pelotita en el arco contrario.

¿La unión opositora es suficiente para combatir a esta mafia, avalada judicialmente? Es condición necesaria e importante pero no suficiente. Si no se plantean objetivos y, en función de ellos, metas, organización, programas de acción, acción propiamente dicha, y control, si no se plantea la lucha en los ámbitos donde gana el marinismo (y cualquier otra corriente por el estilo, conocida o por conocer), como son el Político, el Judicial y el de los Medios de Difusión, y -fundamentalmente- si se cuenta con ánimos excluyentes, si es más fácil restar que sumar, cualquier unión de racinguistas de bien va a durar lo que una ventosidad en una canasta con ventilador. Y probablemente Racing también.

Julio C. Savastano

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