Solitario

March 27, 2006

Escribir sobre fútbol parece algo vacuo, como gritar fuego en el medio de una fábrica de pintura incendiada en todos sus rincones. Escribir, parece, en la contemporánea verbalización política rastrera, algo inútil, para inútiles que nada pueden hacer por cambiar algo. Por lo que me limitaré a transcribir incompletas observaciones, detalles ínfimos sobre un deporte que pasa de la idolatría de unos pocos al escarnio de miles.

Porque el potrero ha muerto. Digamos que ha sido asesinado junto con las esperanzas más elementales: educarse, amar, reproducirse, sobrevivir… El campo energético de la mezcla social, ése territorio indómito de creatividad y reafirmación masculina, ring y coliseo a la vez, ha sido reemplazado por las tristes carnadas de la decadencia argentina. A pocos, cada vez menos, les gusta transpirar la camiseta con fervor. Y en el corralito social que ha quedado, las canchas se han multiplicado como countries por hora. No hay libertad de ocupar un terreno para la reyerta instantánea: la esfera ha quedado presa. Campeonatos de profesiones, entre barrios privados, clubes, asociaciones, escuelas privadas… Pequeños núcleos afines. Nada de mezclar paraguayos, bolivianos, albañiles, docentes, estudiantes y empleados. El shopping con arco ha triunfado, erradicando la inseguridad de lo diverso.

Ahora, el homínido futbolista (más que un humano, con posibilidades de pases multimillonarios, por lo que es relanzado a una nueva categoría trans-social), está resultando el producto de trabajos en pos de los derechos federativos recuperables. Quiero decir, como ganado de corral, se los cría para eso. No existe casualidad del talento. Hoy es el trabajo, de todo tipo y desde todos los ángulos, incluyendo suplementos dietarios (y de los otros), inclusive con el suministro de hormonas de crecimiento mágicas (Messi). El crack, señores, es un producto de factoría. Pero hay algunos, sólo unos pocos, que provienen aún de esa grieta de la necesidad o del hambre de triunfos. Pero son cada vez menos, y más casuales. Tan es así que el pibe del Pincha que le dio el triunfo frente a los colombianos por la Libertadores, declaraba: gracias al preparador físico, a mi entrenador personal, al médico, al equipo técnico. O sea: gracias a los muchachos del box, como lo hace el piloto de F1. El jugador sabe que es un resultado, pero ignora que los genera (o lo niega, que es lo mismo). Se acabó el individuo con necesidad de jugar en equipo.

Con la tendencia librada al profesionalismo, observo el fútbol italiano, español, inglés, holandés, alemán, brasilero y argentino. Veo, picoteo en cada caso, y salvo tres o cuatro verdaderas selecciones de cracks (Barcelona, Inter, San Pablo, Ajax), el resto de los equipos funciona de una manera extraña y conspirativa contra la esencia del juego. Me refiero a la conformación de equipos mononeuronales. Un jugador talentoso rodeado de perros de caza. Y el juego se transforma en dos grupos de criminales karatecas tratando de recuperar la pelota para “ese” que realmente la mueve y puede marcar diferencia. Contradictoriamente, “ese pobre” se preocupa más por evitar la muerte a manos de una plancha, que de administrar un juego de cierto orden y progreso por convertir goles. Porque la coordinación se hace imposible. Pongo por caso a Riquelme: la pasa redonda y le vuelve cuadrada. Y si no patea él, el fútbol tiene destino de bandeja superior. Pienso en los equipos argentinos, ¿cuál es el que más coordinación demuestra? Sinceramente, creo que ninguno. Esbozan, hacen gestos de jugada, pero pararse en estructura de funcionamiento coordinado, manejando la táctica, planteando una estrategia, no hay. Todos (incluso Vélez, que se acerca más a un conjunto de jugadores con inteligencia) muerden y ninguno hace la digestión. Por fecha de campeonato, la pobreza de las estadísticas habla con 23 a 26 goles como mucho. Dos goles por partido, o la nada expresada en la más mísera cantidad de tiros al arco que pueda recordarse. ¿Tenemos que esperar a tocar fondo con una fecha de campeonato de tan sólo dos goles?

Sé que pensarán en las condiciones físicas, velocidad, urgencia de resultados, y hasta en el tembladeral técnico de cada club. Pero quiero ir más allá, un poco. Se viene el mundialito europeo, donde deberá cumplirse que alguien de la región que organiza se hará del título. Nos, los sudacas del mundo, tenemos el sueño prohibido. A lo sumo, apretando dientes, pateando televisores, sufriremos los peores arbitrajes, y las ventas (arreglos) más lamentables de las que imaginamos capaces a nuestros dirigentes. Como sandwich rancio, estarán los jugadores argentinos. Pekerman -quien tiene menos poder que Rodríguez Saa a manos de Duhalde-, deberá listar aquellos que los dirigentes hayan negociado con los representantes más poderosos. Como guía del tour de ventas por Europa, el DT de la selección hará lo posible por exhibir dignamente los productos de exportación. Nada de patear el tablero táctico, nada de triunfar con goles y huevos. No hay posibilidades de campeonato. ¿Entonces? Pan y circo, pero como pan no merecemos, sigamos con el circo.

Como eco del criadero de homínidos futboleros, pondrá un equipo de individuos talentosos sin coordinación táctica. Habrá lujos, signitos de admiración, algún que otro gol, y vuelta a casa para ver quién se va a dónde, y cuánto queda por cobrar por eso. Al no tener carta blanca como técnico, no se puede llevar a la defensa de Colón, al arquerito de Independiente, a Mascherano, Gago, Diego Milito, ni a los dos centrales de Vélez. Tampoco al pibe Agüero. Será un equipo tacaño, ya van a ver, con el pobre Messi esquivando patadas y exigido para demostrar lo que no es, la reencarnación de Maradona. ¿Los demás? Tratarán de recuperar imitando el juego de los equipos europeos tradicionales, uno que sabe y diez que se desviven por marcar.

¿Qué no es así? Permítanme una sonrisa socarrona con un solo (uno solo alcanza) ejemplo. ¿Por qué Julio Cruz fue silbado y puteado en Ríver cada vez que tocaba la pelota? Mascardi (no el de las sillas baratas de plástico que está en la Panamericana, no) le daba treintamil pesos por mes a la barra brava de Núñez para que actuara en consecuencia, el objetivo: Crespo titular. Esperemos la lista de Schlinder que presentará Pekerman y veremos en qué lugar del gulag nos tocó el calvario de no tener chances, a pesar del amor por una camiseta, cada vez más pero más agujereada.

©Omar Genovese, diseñador, blogger, escritor.

3 Responses to “Solitario”

  1. Omar Santirosi Says:

    Estimado Norberto:
    Me imagino que en tren de no pretender tirarle una pálida Ud. sabe que Fernando Marin , es el que trajo a Gomez Bolaños y sus personajes a la Argentina, el Blog es una maravilla, diga que no estoy canchero para escribir, pero me encanta Genovese, me parece brillante, no se olvide que se llama Omar , que en árabe significa el mejor, modestia aparte.

  2. juan pablo Says:

    te pido por favor que me digas en que radio y a que hora esta futbol ruso


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