Tres viñetas futboleras, colaboración de Jorge Mayer

April 25, 2006

Un equipo de cartoon

A mis 18 años tuve que dejar la casa paterna; allí, en un pequeñísimo pueblo de provincias no tenía el horizonte que mis padres querían para mí. No lamenté lo que vino después: privaciones, aprender a fuerza de equivocarme, pero si en algo puedo sentirme triste, es en el hermano que quedó allá, en el pueblo. Cuando vine a Trelew, él tenía sólo 4 años. Así, cada vez que el calendario académico, el laboral, el ánimo y las finanzas, todos confabulados, me permitieron volver, encontraba en Nico un tipo diferente.

Una vez, él tendría siete u ocho años, volví a casa y me sorprendí de verlo apasionado ante el televisor. Contra la historia familiar, por su propio impulso, tal vez por los llamativos colores de la camiseta o la bravura con que la hinchada deja caer sus cánticos: funebré, funebré, funebrero, funebré -los argentinos siempre necrofílicos- o vaya a saber por qué, el tipo seguía la campaña de Chacarita en alguno de los campeonatos de ascenso.

Como si hiciera falta, me narró las hazañas de sus ídolos: el Flaco Vivaldo, el Gatito Mignini y, sobre todo y sobre todos, el Tweety Carrario, pero con una salvedad. Nico, de oídas, porque nunca fue demasiado apegado a leer nada, lo llamaba el Tweety Canario. En vano intenté corregirlo:

-No, Nico, le dicen Tweety porque es muy rubio, pero su apellido es Carrario, Ca-rra-rio.

El, fiel a esa lógica extravagante que habitan los niños me paró en seco:

-Si Mignini es gato, entonces Tweety es canario.

Y no se hable más.

El hincha jurisconsulto

Sin embargo, otro día, ya varios años después de aquel prematuro amor por Chacarita, justo antes de que yo ahorrase lo suficiente como para regalarle una camiseta, me encontré con que mi hermano había mudado de simpatía. Por suerte no se hizo de Boca o de River, aunque afloró esa necesidad de decir que nuestro equipo gana siempre, que en el fondo todos tenemos. El pibe, soldado clase 88, se hizo hincha de Velez.

¡Qué cuadro! Confieso que por Velez siempre sentí alguna debilidad.

Una tarde, estaba yo en la biblioteca de la universidad, completaba el formulario de préstamo de libros, a mi lado había una señorita desconcertada, que quizás a mí, quizás al aire, preguntó: ¿y en autor qué pongo? Tenía el Código Civil en las manos. Velez Sarsfield, le digo, a qué negarlo, experiente, un poco sobrador. Andá, me dice, mirá que un cuadro de fútbol…

Si, pobre ángel, cómo va a entender que un club lleve el apellido de un jurista tan prestigioso, bah, el autor del Código Civil de la Nación y coautor del Código de Comercio. Un amigo, ajeno al fútbol y al derecho pero un profundo conocedor de la historia argentina, un día me confesó que el tal Velez no le caía bien y mucho menos los diputados y senadores que aprobaron el proyecto a libro cerrado, ¡a libro cerrado!

Tuve que explicarle y no sin algún trabajo que muchas leyes, y subrayo muchas, que no es lo mismo que decir todas fueron concebidas en periodos de discontinuidad institucional. Parece mentira decirlo hoy y así, tan suelto de cuerpo, pero aquellos gobernantes de facto, incluso los de la década infame, confiaban el armado de la ley a los más prestigiosos juristas de la república. Así fue con el Código Civil, una obra colosal, con mucho del código napoleónico, que en 1993, cuando yo estudiaba, tenía 4038 artículos y un sinnúmero de leyes complementarias. ¿Alguien se imagina lo que sería discutir los artículos uno por uno?

Tal vez sería como poner a mi hermano a que estudie la historia de su nueva simpatía. yo le hago las cosas un poco más fáciles. Le cuento cómo fue que empezaron a usar la camiseta con la V azul, cómo fue que salieron campeones en el 68, la mano de Gallo que Guillermo Nimo, en sus tiempos de referí, no supo ver y la cintura progidiosa de Daniel Willington. El resto está ahí, fresco. En carne viva.

De La Paternal a Villa Luro

La V de Velez, me gusta pensarlo así, tiene algo de venganza.

Aquella mañana de 1994 en que Velez definía la Copa Intercontinental contra el Milan de Arrigo Sacchi, yo fui más tarde a trabajar y no me arrepiento. En cierto modo, más allá de que no fuera mi cuadro, compartía el sentimiento de ese hincha que llevó a Tokio una bandera que decía: Gracias Dios, ahora puedo morirme tranquilo.

No tanto en el penal que chutó en falso Trotta como en la media vuelta del Turquito Asad yo sentí que se hacía justicia con otro equipo que se había quedado en el umbral del título más importante a nivel de clubes. Hablo, por supuesto, del maravilloso Argentinos Juniors de 1985, aquel cuya alineación en verdad cualquiera podía recitar de memoria: Vidallé, Villalba, Pavón, Olguín, Doménech, Videla, Batista, Comisso, Castro, Borghi y Ereros. Un equipo que, aunque nadie lo recuerde, comenzó a gestarse en 1983 de la mano maestra de Angelito Labruna.

Las cosas con Velez, hablando estrictamente del juego, eran bien distintas. Este era un equipo práctico, en algo parecido a eso que ahora es el Chelsea, capaz de meter un gol y pinchar la pelota, de dormir el partido hasta que el árbitro pite el final. Argentinos, en cambio, era un deleite para los ojos. Por las rabonas del Bichi Borghi, el andar del Panza Videla y la claridad del Checho Batista, fue tan grande la pena de perder en los penales contra la Juventus de Platini, de Cabrini, los titanes de aquella Europa.

Las lágrimas que le ofrendé en el 85 a los muchachos bien valían quedarme un rato más gritando.

De Villa Luro salió el nuevo campeón.

© Jorge Mayer

Contador público nacional y blogger.

Site: Et in Arcadia ego

2 Responses to “Tres viñetas futboleras, colaboración de Jorge Mayer”


  1. […] Tres viñetas futboleras por Jorge Mayer […]

  2. Giovanni Says:

    Maravilloso articulo, yo soy del Perú y me emociona el futbol, sobre todo el futbol de los 80 y parte de los 90. Me emociona eso del David contra el Goliat, del Equipo del Barrio contra el del imperio. Grandes triunfos los de velez y el argentinos de 85 en verdad fue extraordinario. Un abrazo a la distancia y sigue escribiendo con tanta pasión e inteligencia.


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